PROJECTE MUDANSA

Fra Angélico y la harmonía del círculo

En sus inicios, el cristianismo desarrolló estrechos vínculos entre la muerte y la acción de bailar. Por ejemplo, en el siglo IV, los devotos realizaban bailes sobre las tumbas de los mártires, celebraban su muerte, ya que su deceso significaba su renacimiento en el cielo. En el ámbito cotidiano, durante la velada a un muerto, se bailaba alrededor del ataúd con dos objetivos a cumplir: contentar el alma del difunto y contrarrestar el poder maléfico de la muerte. La asociación entre el baile y la muerte no fue una creación cristiana, sino que fue heredada de culturas pasadas que también habían agremiado la danza a sus ritos funerarios. El vínculo ancestral entre danza y muerte, hizo que la acción de bailar se extendiera al relato de la vida más allá de la muerte. Es decir, en el cielo también tenían que bailar los ángeles, los santos y los bienaventurados (Manasse 1946: 86). Entre los primeros testimonios en ámbito cristiano, una inscripción hallada en la basílica de Santa Inés Extramuros de Roma (siglo IV-VII) exclama que la mártir titular danzará en corro con los santos en los hermosos pastos del Paraíso. Siglos más tarde, el pintor Fra Angélico (1395-1455) nos legó tres obras donde encontramos representada esta danza celestial. En el Juicio Universal (1432-1435; Museo de San Marco de Florencia), el pintor representó a los salvados avanzando hacia el Paraíso guiados por ángeles. Un camino que realizan bailando cogidos de la mano en una carola abierta, tal y como hicieron las almas bienaventuradas en el Paraíso de Dante Alighieri (1265-1321). Reencontramos una composición parecida en el Juicio Final (1447) de la Pinacoteca de Berlín, donde el pintor volvió a representar a los salvados bailando cogidos de la mano en una carola abierta mientras los ángeles los guían hacia el Paraíso. Además, en la Coronación de la Virgen María degli Uffizi de Florencia (1434-1435), Fra Angélico optó por rodear el momento con un baile aéreo en corro protagonizado por seis ángeles. Los otros ángeles presentes tocan instrumentos musicales, pudiendo distinguir varios tipos de trompetas, un laúd, un violín, un órgano portátil y lo que puede ser un tambor. Santos y santas presencian esta celebración.

 Giovanni di Paolo (1398-1482) para representar una danza celestial también optó por una carola abierta. En los Cinco ángeles bailando (c. 1436) del Museo Condé en el castillo de Chantilly, los protagonistas bailan juntos alrededor del sol. Dos de ellos, los de cada extremo, también hacen sonar un instrumento musical, una trompeta y lo que parece un laúd respectivamente. El panel formaba parte de una composición mayor, faltando hoy seguramente una Virgen María con el Niño. La restauración del siglo XIX substituyó las evidencias que quedaban de esta figura central por el fondo dorado con el sol en el centro.

 De este modo, la danza celestial por excelencia fue la carola. En la Iglesia de los primeros tiempos, la danza era una manera de proclamar e imitar la harmonía del mundo (Spitzer 1963: 31). Por lo tanto, la única danza que podía reflejar el movimiento astral, la rotación del firmamento y la harmonía de los planetas era la circular. Ahora bien, la carola, como baile en círculo, iconográficamente también derivó en cadena abierta. El modelo de corro angélico se acabó consolidando en la maquinaria aérea diseñada por el arquitecto renacentista Filippo Brunelleschi (1377-1446) y destinada a la representación de la Anunciación en la iglesia de San Felice de Florencia (c. 1439). Mientras ocho ángeles caracoleaban en el aire, el arcángel Gabriel descendía entre ellos para acabar delante la imagen de la Virgen María. Sobre esta cúpula angelical descansaba otra coral de ángeles. Se trata de un modelo de éxito que se acabó prolongando en el tiempo, cuando el baile redondo se convirtió en la representación figurativa característica de la beatitud paradisíaca. No obstante, cuando la carola resultó metonimia del arte teatral y del juego escénico, también recibió el rechazo de la Iglesia.


Bibliografía

Backman, E. Louis, Religious Dances in the Christian Church and in Popular Medicine, Londres, 1952.

Horowitz, Janine, «Les danses cléricales dans les églises», Le Moyen Âge. Revue d’Histoire et de Philologie, XCV, 2, 1989: 283-284.

Manasse, Ernst Moritz, «The Dance Motive of the Latin Dance of Death», Medievalia et Humanistica, 4, 1946: 83-103.

Pietrini, Sandra, Spettacoli e immaginario teatrale nel Medioevo, Roma, 2001.

Spitzer, Leo, Classical and Christian Ideas of World Harmony, Baltimore, 1963.

Zorzi, Ludovico, «La scenotecnica brunelleschiana. Problemi filologici e interpretativi», Guarino, Raimondo (ed.), Teatro e Culture della Rappresentazione. Lo spettacolo in Italia nel Quattrocento, Bolonya, 1988: 301-317.

Sara Sánchez Roig
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