Los bailes corales están documentados en Irán en las cerámicas neolíticas y calcolíticas tempranas (Fig. 1). Fundamentales para la cultura y las creencias iraníes del período sasánida, previas a la dominación islámica, este tipo de bailes estaban probablemente programados para las fiestas agrícolas de temporada, como ejemplifica el plato en plata del siglo VII procedente de Toharistan y donde se muestra a un grupo de bailarinas en círculo. Las bailarinas, que sostienen vasijas y plantas, celebran a la diosa sasánida Anahita, personificación del agua, la fertilidad y la vegetación, evocando quizás las siete fiestas zoroástricas principales de Irán (Fig. 2). La danza coral de la primavera y la renovación estacional se vio perpetuada en el período islámico, como muestra el cuenco cerámico del siglo X procedente del este de Irán (Fig. 3) y que cuenta con bailarinas danzando en círculo y sosteniendo una guirnalda de palmetas, con sus cabellos recubiertos con flores en cada uno de sus mechones.
Un tipo de danza coral, denominada dastaband en persa y daʿkasa en árabe, es definida por Firuzabadi (1415) en su diccionario «como una performance de los magos (laʿb al-majūs) cuando están girando, habiéndose cogido de la mano -de manera- que bailaban el dastaband». El término compuesto por las palabras persas dast (mano) y band (sostener) transmite esta concreta forma de bailar (con las manos cogidas formando un círculo). El baile del dastaband fue representado durante las dinastías omeya y abasí. El príncipe y poeta Ibn al-Mu’tazz (908) comparó el alineamiento de las ánforas de vino con los bailarines persas que lo ejecutaban (Texto 1). Sin embargo, no fue una práctica exclusiva de los persas, como el Book of Songs de Abu'l-Faraj al-Isfahani describe, pues esclavas griegas bailaron el dastaband para el califa abasí al-Ma’mun (813-833) ostentando cruces doradas en sus cuellos y con hojas de palmera y olivo en sus manos, denotando así su exuberancia.
Una serie de jarras y jarrones de cerámica vidriada del período selyúcida, fabricados en el oeste de Irán en los siglos XII-XIII, muestran danzas corales (Figs. 4-5), aunque no resulta del todo claro que sus bailarines -que se cogen de las manos- correspondan a los del dastaband. Los bailarines de las vasijas, de cristal vitrificado monocromático, están moldeados en relieve y presentan varias poses: saltando, en movimiento o doblando una pierna. Si bien podrían ser mujeres u hombres, un elemento que les distingue en su actuación es el ‘agarre sucesivo en cadena’ mediante el cual cada uno de ellos enreda sus brazos y une sus manos no con el compañero adyacente sino con el sucesivo a sus lados. La cadena humana transmite una seguridad mágica y una repetición cíclica en la que los bailarines orbitan. La identidad selyúcida de los bailarines se ve traicionada por la redondez de sus rostros, tocados y vestimentas, es decir: el gorro de fieltro redondeado (kulāh) y los caftanes (qabāʾ) se usaban sobre pantalones bombachos, siendo la típica vestimenta de las élites militares selyúcidas. Esta asociación, sin embargo, se ve negada por la calidad, más bien mediocre, de las vasijas, de producción masiva y popular. Los aguamaniles probablemente sirvieron como contenedores de agua mientras que los jarrones podrían haberse usado como macetas. Una danza con el mismo ‘agarre de manos’ se encuentra también representada en algunos candelabros de metal procedentes de Anatolia y fechados entre los siglos XIII-XIV, aunque en ellos los bailarines se muestran estáticos. Este distintivo a la hora de bailar sobrevivió hasta el período bajomedieval y la edad moderna en las danzas bizantinas y otomanas de Grecia y los Balcanes (Fig. 6). Restringida a los aguamaniles cerámicos y candelabros selyúcidas, la danza en cadena, con este preciso agarre de las manos, persistió durante la dominación islámica asociándose a elementos como el agua, el fuego y la luz -elementos centrales en las fiestas iranianas de Nouruz (año nuevo o equinoccio de primavera según el calendario persa) y Mehregan (festival del zoroastrismo persa)- y cuyos rituales pudieron ver involucrados a estos objetos.
Desde los siglos XII-XIII, la danza coral islámica se asoció con los bailes estáticos realizados por los místicos sufíes (samāʿ). El místico Jalāl al-Dīn al-Rūmī (1207-1273), quién fundó además la orden Mevlevi de los ‘Derviches que dan vueltas’, asocia en sus poemas la danza sufí con el movimiento cósmico del universo y los átomos (Texto 2). La danza cósmica se repite, en el mismo período, en el cuenco cerámico de Kashan (Irán) (Fig. 7) con los bailarines gesticulando con sus manos excitadamente, habiéndo insertado símbolos de los siete planetas y los signos del zodiaco. Una ilustración posterior de la escuela de Behzad, procedente del este de Irán, fusiona las tradicionales danzas corales iranianas con las de los místicos islámicos (samāʿ), mostrando a los derviches en una danza de mangas estática en dos círculos en un campo en flor (Fig. 8). Mientras que las danzas corales de Irán señalaban la regeneración de la vida y la naturaleza, la islámica samāʿ aspiraba a la aniquilación (fanāʾ) del alma del místico y su unión con Alá y el cosmos (que el movimiento circular del baile simboliza).
Bibliografía
George Dimitri Sawa (2019): Musical and Socio-Cultural Anecdotes from Kitāb al-Aghānī al-Kabīr: Annotated Translations and Commentaries. Leiden: Brill, pp. 315-316, nota 17
Giovanna Ventrone (1971): “Una brocca selgiuchide con scena di danza,” Arte orientale in Italia, I, pp. 31-46
Oliver Watson (2020): Ceramics of Iran: Islamic Pottery from the Sarikhani Collection. New Haven: Yale UP, pp. 128-129, núm. 67; pp. 194-195, núm. 97
Sheila Canby et al. (Eds.) (2016): Court and Cosmos: The Great Age of the Seljuqs [Exhibition Catalogue, The Metropolitan Museum of Art, April 27 - July 24 2016]. Nueva York: The Metropolitan Museum of Art, pp. 162-63, núms. 92-93
Francois Grenet (2016): “Extracts from a Calendar of Zoroastrian Feasts: A New Interpretation of the ‘Soltikoff’ Bactrian Silver Plate in the Bibliothèque Nationale, Paris,” In The Zoroastrian Flame: Exploring Religion, History and Tradition, eds. A. Williams, S. Stewart & A. Hintze. Londres: Tauris, pp. 205–222
[Texto 1]
Abbasid poet-prince Ibn al-Muʿtazz (d. 908):
“The wine jars are like a row of men
drawn up to dance a dastaband.”
D. S. Rice (1958): “Deacon or Drink: Some Paintings from Samarra Re-Examined”, Arabica, V, p. 27
[Texto 2]
Jalāl al-Dīn al-Rūmī (1207 – 1273), Mathnāvī:
“When you dance the whole universe dances.
All the realms spun around you in endless celebration.
Your soul loses its grip.
Your body sheds its fatigue.
Hearing my hands clap and my drum beat,
You begin to whirl”