El baile es un tema recurrente en el marco de los ciclos de carácter cortés que acostumbraban a decorar los aposentos de palacios y castillos. Además, su presencia se registra también dentro de recintos religiosos como los monasterios o las iglesias. En un espacio situado entre la iglesia y el claustro del Monasterio de Santa María de Sijena discurre un friso de temática profana que, con una evidente organización narrativa, presenta una serie de topoi relacionados con la vida caballeresca, como el torneo, la lucha contra animales feroces y salvajes, o momentos de diversión, como las performances coréuticas y la música. Esta temática se encuentra declinada en muchas versiones diferentes, como por ejemplo en el techo (de finales del siglo XIV y principio del siglo XV) del claustro inferior del monasterio de Santo Domingo de Silos. En particular, las escenas musicales y de danza tienen una presencia notable en los repertorios decorativos de varios techos policromados medievales –tanto en edificios sacros como laicos– en toda la Corona de Aragón. Es remarcable la concentración de secuencias coréuticas en los frisos que rematan los faldones laterales del artesonado de la iglesia de Santa María de la antigua villa real de Llíria, donde abundan las representaciones de dos personajes –masculino y femenino– en actitud danzante o tocando instrumentos musicales. Estas escenas dialogan con un muestrario de imágenes de tipo cortesano y profano –heráldica, temas cinegéticos, amorosos y festivos–, así como con figuras del bestiario medieval, de luchas contra monstruos y de representaciones de torneos, signos de ejemplaridad moral. Un contexto más lúdico-paródico enmarca la decoración del techo de la sala del tesoro de la catedral de Tarragona, una obra del pintor Juan de Tarragona, realizada hacia la mitad del siglo XIV, que conserva unas pinturas que originalmente habían formado parte de una tribuna que sostenía un coro de madera. Intercaladas con los escudos heráldicos del Capítulo tarraconense (una tau o cruz de Santa Tecla de plata sobre un campo de gules) y de los arzobispos fray Sancho López de Ayerbe (una cruz de gules sobre una esportilla de sable) y Pere de Clasquerí (una cruz de plata sobre una campana de sable), resaltan algunas imágenes de contenido coreomusical. Entre ellas, se representan dos juglaresas que hacen sonar, con el arco en la mano izquierda, un laúd y un rabel; y dos jóvenes danzantes, uno judío y el otro musulmán, los cuales agitan estolas litúrgicas de manera jocosa. Es notable el carácter islamizante del conjunto marcado por la presencia de motivos caligráficos de inspiración cúfica.