PROJECTE MUDANSA

EL REI PÀIXERO

Biar, Valencia

En las estribaciones de la sierra de Mariola, en la frontera suroeste del antiguo reino de Valencia, se yergue Biar (Alto Vinalopó), arracimado bajo una imponente fortaleza de origen almohade (siglo XII) que domina el valle. Biar ha conservado destacados signos del pasado a través de sus fiestas, particularmente las Fiestas de Mayo dedicadas a la patrona, la Virgen de Gracia, que se concretan en un singular combate de Moros y Cristianos (con la Maoma y el Baile de las Espías), y la Fiesta de San Antonio, donde adquiere protagonismo una figura excepcional: el Rey Pàixaro. Se trata de una de las múltiples dignidades transitorias que poblaban el mundo medieval, particularmente durante el período invernal, salpicado de jornadas dedicadas a la inversión puntual de roles y de valores con la finalidad de dar salida a las tensiones sociales, pero asimismo para confirmar el orden establecido.

El "Rey Pàixaro" biarense es un rey efímero adulto, coronado de oropel, con barba blanca y la cara enharinada (como el clown o el loco), vestido con una cota de armas dorada con el escudo de la villa en el pecho y la leyenda " claudo et aperio regnum" ('cierro y abro el reino'). Lleva guantes blancos, enarbola una bandera con la mano izquierda (con la derecha saluda remedando a los monarcas hodiernos), va cubierto con un manto azul con cuello de armiño, y presenta la peculiaridad de montar a caballo (antes un asno), seguramente por la vinculación a la fiesta del patrón de los animales, aspecto que le otorga una fisonomía de rey Jaume el Conquistador, mito de los orígenes y del nacimiento del pueblo valenciano. La víspera de la fiesta, recorre las calles gritando Vivas a san Antón, flanqueado por dos palafreneros con capacetes dorados, cota verde de borde almenado y con el escudo real en el pecho y en el empeine de las botas, y precedido por dos danzantes, también con la cara pintada de blanco y las mejillas, nariz y barbilla de bermellón, todos ellos acompañados por una cohorte de una veintena de portadores de antorchas que abren paso y dan luz al singular cortejo, mientras los vecinos encienden hogueras en el suelo o en tederos y dan colación a la comitiva (vino, herbero, pastas y buñuelos). El desfile se repite el día de la fiesta, sin antorchas, y el rey Pàixero y acólitos van recogiendo los donativos de la población (presentes de comida y bebida) que después, una vez exhibidos y paseados, serán subastados para pagar la fiesta, mientras se lleva los animales domésticos (hoy, sobre todo, mascotas) a bendecir. Los danzantes, apodados «bufones», llevan anchas togas quatribarradas y una capa corta de armiño, tocados el uno con peluca rubia, el otro negra. Van repitiendo un baile ante el rey a lo largo del desfile consistente en recorridos paralelos y cruzados alzando los brazos y abriendo la capa a imitación del vuelo de los pájaros, y acaban haciendo reverencia a la autoridad efímera.

 

Francesc Massip Bonet
Universitat Rovira i Virgili, Tarragona

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