PROJECTE MUDANSA

DANZA DE LA MUERTE

Verges (Baix Empordà, Girona), Procesión en la noche del jueves al viernes santo.

La llamada Danza de la Muerte de Verges es el único resto en Europa de las danzas macabras de origen tardomedieval que fueron desapareciendo a lo largo de la edad moderna y contemporánea. La pervivencia se puede vincular a la incorporación del baile, durante el Barroco, en el Vía Crucis dialogado que se representa en la medianoche del jueves santo y que constituye una verdadera Pasión escenificada de forma itinerante por las calles y plazas de Verges. La adaptación al cortejo pasionístico determinó la estructura cruciforme de la danza, diferente de las danzas macabras medievales en hilera o en círculo. Una cruz que avanza durante la Procesión nocturna y que está integrada por cinco bailarines vestidos con mallas negras con el esqueleto pintado de blanco y con máscaras en guisa de cráneo. Encabeza el grupo la Guadaña, un personaje que, provisto de este instrumento agrícola, hace un giro completo sobre su cuerpo a cada paso, abarcando todo el espacio de su entorno y cumpliendo, como personificación de la Muerte, el gesto simbólico de segar con la hoja de la herramienta a la humanidad entera, aquí encarnada por los espectadores situados en los bordes de las calles por donde transita el baile. Le sigue la Bandera, un bailarín que lleva un estandarte negro con una calavera pintada y las leyendas "Nemini parco" (a nadie perdono) y "Lo temps és breu” (El tiempo es breve). A ambos lados de esta figura axial, y formando el brazo corto de la cruz, evolucionan los dos niños que incorporan las Cenizas, pues señalan a cada paso el interior de los platillos que llevan en las manos y evocan el recuerdo de lo efímero humano: "pulvis estis et in pulverem reverteris" (polvo eres y en polvo te convertirás). Cerrando el brazo largo de la cruz, el chico que ostenta un Reloj sin manecillas y que señala a cada giro una hora diferente sugiere que hay que estar preparado, pues la llegada de la muerte es del todo imprevisible. Más atrás un personaje, antes en guisa de nazareno, hoy como esqueleto encapuchado, marca el ritmo seco de la coreografía con un tambor, escoltado por dos portadores de antorchas. La comparsa acompaña la comitiva de pasos o misterios, nazarenos o penitentes, armados y figurantes de la Pasión en su deambular por la red urbana vergelitana con distintas acciones escénicas (las tres caídas con danzas burlescas de los judíos alrededor de la cruz abatida, encuentro del Nazareno con María o con Verónica y milagros correspondientes) hasta que la acción culmina con un final doble. Mientras en la plaza de la iglesia se procede a la Crucifixión y Descendimiento de la Cruz, simultáneamente el baile macabro penetra en el interior del templo para rendir honores al Santísimo. Los actores pronuncian sus pasos por en medio de la nave, llena a rebosar, hasta que llegan a la capilla donde hay el sagrario, ante el cual los esqueletos hacen una profunda reverencia. La Muerte, tras haber señoreado entre los humanos y parafraseado el suplicio de Cristo, anuncia su inminente victoria con la resurrección redentora.

 

Francesc Massip Bonet
Universitat Rovira i Virgili, Tarragona

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